jueves, 3 de diciembre de 2009

Dicen que mientras más lees...




Dicen que mientras más lees, más dudas tienes… Eso es muy cierto.

Imaginarme hace un año leyendo palabras como: arteriolosclerosis, acilcarnitina, volumen tidal, catecolaminas o ácido glucurónico me parecería sorprendente y diría: ¡¡¡tantoooooooo!!! ¿Por qué lo ponen tan difícil?

Porque si fuera fácil ¿qué sentido tendría vivir?


La vida está hecha de problemas, de situaciones conflictivas, de peleas con los amigos, de discusiones con la pareja, ajustes económicos, de repente un parcial en dos días y aún no has leído nada, de perder clases por tener que trabajar. De eso está hecha la vida, ese es el ingrediente que nos motiva a levantarnos de madrugada a estudiar, ese es el ingrediente que nos hace decir: discúlpame, me equivoqué; que nos hace trabajar perdiendo horas de clase porque no nos alcanza para comer.

La vida se hizo así. Por el momento mis dificultades están en aprender tantas palabras confusas: reacciones metabólicas, enzimas, sustratos, los procesos fisiológicos endocrinos y nerviosos. Atrás quedó el Eddy que soñaba con ser un aventurero o un trotamundos; el Eddy que imaginaba recorrer América y llegar a alguna isla virgen del pacífico y vivir allí hasta que los hombres dejaran de existir, hasta que la humanidad se consumiera en sus guerras y en sus deudas. Atrás quedó el Eddy soñador que salvaba al mundo de una gran destrucción provocada por extraterrestres. Atrás quedaron tantos sueños que no se pudieron completar.

Porque es así. Porque los sueños se deben realizar antes de que nos gane la desilusión o la desesperanza. Cuando ellas llegan se van los sueños. Es mejor cumplirlos cuando están aún allí, palpitando en nuestras manos, susurrando a nuestros oídos, después es asunto olvidado. ¿Qué te queda? Conformarte con lo que tienes, olvidar que podías salvar el mundo y contribuir a su destrucción.

¿Moraleja? cumple tus sueños (por más locos que sean) en el día, en el momento y en la hora precisa. Antes no, después no.


Pero después de todo no me quejo, no me va tan mal. Aún me queda en el recuerdo el 20 en fisiología. Ese 20 me dice que puedo ser mejor cada día, que sólo basta con dormir menos horas y aprovechar más el tiempo leyendo. Ese 20 me dice que puedo dar más de mí y que el sacrificio se recompensa muy bien, porque esa sensación no te la quita nadie (excepto un cuadro de amnesia).

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